La carratera estaba impecable y apenas se veía tráfico en ambas direcciones. Estábamos cansados de las caminatas del día anterior y de ligeros contratiempos con las tiendas de campaña. Cinco minutos de silencio habían pasado desde la última conversación que tuvimos sobre el paisaje. Cuatro seguíamos despiertos y uno dormido. Mi pregunta hizo que el dormido despertara y comenzamos a platicar sobre música.
Cambiábamos de un idioma a otro y, entre broma y broma, preguntamos qué pasaba con la música de viaje. La copiloto encendío el radio buscándola y, primero, sintonizó 5 estaciones encontrando sólo noticieros en Noruego o Sueco. Al llegar la sexta escuchamos las últimas notas de la canción anterior, un silencio y luego ...
Nos quedamos callados por todo lo que duró la canción y seguimos escuchando las siguientes en idiomas conocidos y desconocidos. Cada quién eligió una parte del paisaje y se concentró en ella para retenerla en la memoria. No así el que conducía, él no tuvo opción.
Fue una tarde de buena música de viaje.
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